Con el descenso en la nuca, bajando peldaño a peldaño la escalera hacia el final, no puedo negar que desde hace meses me imaginaba como iba a ser éste momento, el del descenso, que todavía no llegó, pero parece cada vez más cercano. Me tuve que pellizcar cuando Atlético de Tucumán metió el tercer gol, el que le garantizaba el ascenso y la gente empezó a demostrar su grandeza. El pibe que hace 5 años va a la cancha y no vivió nada lindo con Talleres, el viejo que putea desde la platea todos los partidos, el hombre que se iba antes de la cancha cuando el partido estaba perdido. Todos, todos, cantando la canción que solo imaginaba que nos íbamos a quedar cantando algunos locos “Aunque ganes o pierdas, no me importa una mierda, sigo siendo de Talleres, yo a Talleres lo quiero”. Todos, pero todos aplaudiendo al equipo que en éste partido en particular dejó la vida en la cancha. Valoro como ha crecido el hincha, en una madura actitud, cuidando nuestra casa la Boutique, cuando a los 35 minutos la policía entró al campo de juego a suspender preventivamente el partido, por un par de botellazos de plástico desde la platea y algunos que se colgaban del alambrado (nada si lo comparamos con lo que imaginábamos que iba a pasar en una situación así) la gente siguió cantando y se fue en orden, algunos con lágrimas de tristeza, otros con lágrimas de emoción por tanta demostración de amor, algunos con la cabeza gacha, pero todos con la frente en alto.
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domingo, 7 de junio de 2009
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